Necesitamos responsabilidad social en la política

Post Público 14/09/2020 8 433
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Nos topamos con una indefinición política que nos está afectando sobremanera. Un precio muy alto que estamos pagando toda la sociedad al no existir una hoja de ruta comprometida y responsable.

Regresamos tras el periodo estival con un balance sanitario por la evolución del número de casos del COVID poco halagüeño, acompañado de un panorama económico y laboral con escasos tintes optimistas como se desprende del análisis de los datos de desempleo y afiliación a la Seguridad Social del pasado mes de agosto, si bien, la incidencia por actividades es muy dispar.

Las medidas políticas que se han venido tomando, tanto en cantidad como en calidad, han funcionado muy por debajo del nivel exigible para mantener mínimamente la actividad y el empleo. Por lo que la incertidumbre y la inseguridad pivota, más que nunca, sobre nuestro tejido productivo.

Las empresas deben seguir siendo el motor de la economía, su seña de identidad y su garantía de futuro. No lo olvidemos.

El metal, su industria, comercio y servicios, ha demostrado que puede y se sabe adaptar. Lo hemos visto. Pero mantener esta actividad productiva en solitario no es tarea fácil ya que un barco no avanza si cada cual rema en una dirección.

Nuestro sector necesita políticas de altas miras para derribar trabas y superar obstáculos estructurales. Actuaciones realistas que, aplicadas de modo proactivo y urgente, palien muchos de los previsibles e irreversibles efectos de esta crisis y eviten que esta pandemia nos paralice.

Si en los años 70, España abordó una transición política que nos hizo mejorar como sociedad, ahora debemos afrontar, inexorablemente, una transición económica. Una etapa en la que definamos, de forma conjunta, un nuevo modelo económico de país y de Comunitat, basado en ideas que la Unión Europea tiene claramente definidas como digitalización, innovación, sostenibilidad medioambiental, ecoeficiencia, igualdad, formación, empleabilidad… Europa nos va a transferir fondos en base al proyecto que propongamos, y ese proyecto lo debemos poner en marcha ya, entre todos y todas.

No es sencilla su puesta en marcha, porque nos topamos con una indefinición política que nos está afectando sobremanera. Un precio muy alto que estamos pagando toda la sociedad al no existir una hoja de ruta comprometida y responsable que garantice continuidad en ningún sentido.

Estamos en un momento crítico. Un momento que requiere intensificar medidas de ayudas a sectores clave administrando con sentido común y visión de futuro dichos fondos europeos de reconstrucción, de aprobar presupuestos alejados de intereses partidistas, de poder prorrogar los ERTEs mientras dure la situación de paralización por la pandemia, de dar luz a las necesidades de financiación e innovación de las empresas, de eliminar los obstáculos a la formación, de apostar por la cualificación de las personas trabajadoras, y de poner fin a todas aquellas trabas administrativas que estancan la inversión y las licencias para acometer actividades.

El plan de recuperación para asentar esa “nueva” normalidad -todavía por definir- debe impulsarse ya. De lo contrario se pondrá un remedio tardío al desastre que se nos avecina, dado que nuestra economía y su tejido empresarial ya están sumamente dañados. Hay que afrontar con valentía que el tamaño de las administraciones debe ser proporcional a las necesidades de las personas y entidades administradas. No podemos permitirnos que la estructura pública se lleve los escasos recursos económicos que disponemos, y con ello impedir realizar políticas absolutamente necesarias en este momento.

Así que, sin dejar de priorizar la protección de la vida y la salud, exigimos una estrategia en la que se tenga en cuenta a los que realmente tiramos de las riendas de la economía.

Y el diálogo es la clave para avanzar hacia una hoja de ruta de recuperación en la que participemos los interlocutores sociales con las administraciones y fuerzas políticas, con el máximo consenso, evitando así decisiones unilaterales.

Castigar sin un horizonte claro el esfuerzo por avanzar de toda una sociedad, solo puede traer un aún mayor retroceso de difícil recuperación. Ahora, más que nunca, es el momento de preservar, fortalecer y aportar por el tejido empresarial, y de exigir que nos allanen el camino para hacer lo que mejor sabemos que es generar actividad, riqueza, empleo y bienestar. Es el momento de ejercer la responsabilidad social en la política.