La eliminación de la franquicia de 150 euros, la introducción de una tasa fija de 3 euros por envío y el impulso definitivo a IOSS dibujan un escenario muy distinto para quien vende online a consumidores europeos.
¿Qué hay detrás de estos cambios? Más recaudación, sí, pero también un mensaje claro a las empresas: ya no basta con colocar productos en un marketplace global; hay que integrar fiscalidad y logística en la propia estrategia de negocio. Los pequeños paquetes dejarán de ser un “agujero negro” del sistema y cada envío tendrá un coste aduanero visible, lo que obligará a revisar precios, márgenes y la forma de agrupar pedidos.
En paralelo, el sistema IOSS (Import One Stop Shop) se consolida como la vía para ofrecer al cliente un precio final sin sobresaltos en la puerta de casa y para gestionar el IVA de forma centralizada en un solo Estado miembro. Quien se adapte a tiempo podrá convertir esta nueva regulación en una ventaja competitiva; quien no lo haga, descubrirá demasiado tarde que el problema no era la tasa de 3 euros, sino no haber repensado a tiempo su modelo de e‑commerce.